Heredé sólo una planta vieja; la verdad que contenía lo cambió todo.

Yo… en esa misma casa… años antes de conocer a Léa.

—“¿Qué… qué es esto?” —murmuró ella.

Pero yo no podía responder.

Porque detrás de la foto… había una segunda nota.

La letra era la de mi suegra.

“Si estás leyendo esto, es porque ya no estoy.
Y si él sigue contigo… entonces nunca te dijo quién es en realidad.”

El aire se volvió pesado.

Léa me miró lentamente.

—“¿De qué habla mi madre…?”

Mi corazón empezó a latir con fuerza.

Demasiada fuerza.

Entonces, desde el pasillo…

…se escuchó un golpe.

Los dos nos quedamos congelados.

Otro golpe.

La puerta del fondo… la que siempre había estado cerrada…

…se estaba abriendo sola.

Léa susurró:

—“Esa puerta… nunca se abre…”

La llave… en mi mano… empezó a temblar.

Y en ese instante entendí algo aterrador:

Esa planta no era un recuerdo.