Y días después… la usó.
Sin previo aviso.
Sin ceremonia.
Simplemente eligió.
Y esa elección fue el comienzo de algo nuevo.
Un día, en el campo, Aline preguntó:
“¿Todavía quieres comprarme?”
Bruno respondió:
“No. Ahora quiero compartir mi vida. Pero solo si tú también quieres”.
Y ella sonrió.
Porque ahora… podía elegir.
Pasó el tiempo.
Su madrastra, Neide, cayó en la pobreza.
Regresó pidiendo comida.
Y Aline… la ayudó.
Sin odio.
Sin venganza.
Solo con dignidad.
Porque quienes albergan odio no tienen espacio para la paz.